Aquellas tribunas del Etchart que se llenaban en los ´70 y en los ´80 hoy lucen casi vacías si se compara con aquellas épocas de gloria del voley de Ferro. Apenas 50 hinchas están presentes para alentar al equipo de Marcelo Benavides, que juega con Banfield por un lugar en la final del ascenso a la División de Honor, la máxima categoría a la que se puede aspirar en la Liga Metropolitana.
Los espacios vacíos en las gradas dejan ver el color amarillo con el que están pintadas, que nada tiene que ver con el verde del club de Caballito. La previa transcurre con bastante silencio, raro teniendo en cuenta lo que está en juego. Los seis títulos metropolitanos, las seis Copas Morgan, la Liga Sudamericana, todos quedaron pintados en las paredes del estadio pero la realidad del club está lejos de ser aquella que lo llevo a ser considerado una institución modelo.
Entre los hinchas hay muchos jóvenes y a medida que va terminando la entrada en calor de los jugadores, se empiezan a escuchar los redoblantes que sonarán varias veces ante cada punto ganado por el Verdolaga. Por otro lado, el presupuesto del club tal vez no da para unas porristas pero tres señoras se hicieron unas porras con papel de diario y las agitan, a la vez que gritan fuerte todos los tantos de Ferro.
El partido arranca parejo. Si uno saca algunos puntos de diferencia, enseguida empareja el otro. En Banfield se nota que hay un proyecto a futuro, jugadores jóvenes y mucha inversión: además del técnico tienen un ayudante que hace estadísticas, un preparador físico que trabaja con los suplentes y un camarógrafo filmando el partido desde el pasillo superior que comunica una tribuna con la otra. Ferro, en cambio, tiene varios jugadores que superan los 25 años y considerando que no tuvo que viajar, sólo tiene un ayudante técnico. Mientras tanto en el juego llegan empatados al punto 23 pero con un par de bloqueos el set queda para los del sur del conurbano bonaerense.
Uno a cero abajo por el partido perdido en Banfield, si vuelve a caer queda afuera. Por eso el redoblante empieza a sonar más fuerte y de repente aparece el Hombre Araña de Ferro, que arenga a los hinchas cantando los temas que se suelen entonar en los partidos de fútbol: “Vamos Verde vamos, ponga huevo que ganamos...”. El segundo set vuelve a ser muy parejo pero Chujer, el opuesto, empieza a hacerse sentir en el ataque y el local se lo lleva 25 a 21. El Hombre Araña sigue alentando desde una tarima que pareciera estar puesta exclusivamente para él.
El tercer período arranca palo y palo. Ahora, el redoblante no sólo suena ante los puntos de Ferro sino que también busca meter presión en los saques del visitante. El central Russo empieza a sumar por el medio y el líbero Moyano defiende varios ataques difíciles. Ferro termina imponiéndose 25 a 20.
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