
“Hace poco nos juntamos a comer y coincidíamos en que más allá de que crecimos mucho profesionalmente o enfrentamos desafíos más importantes, no hemos vuelto a vivir lo que vivimos en Rojas”, dice Pablo Del Grecco de su amigo Juan Manuel Barrial. Mentor del proyecto que unió al club Scholem Aleijem con la ciudad bonaerense, Barrial fue un pionero en las fusiones que hicieron crecer a la Liga y se convirtió en uno de los entrenadores más importantes de la competencia argentina.
En la temporada 2001-2002 consiguió mucho más que un campeonato. El mismo carisma con el que dirigió a jugadores del nivel de Hugo Conte o Hernán Ferraro, le sirvió para ganarse el afecto de los rojenses. Era cosa de todos los días que le pidieran sacarse una foto o que algún ciudadano ilustre invitara al equipo a cenar a su casa. Los entrenamientos eran concurridos como si fueran partidos. Tenían que esquivar montañas de bicicletas para entrar al club. Y al final de cada práctica Juan Manuel no tenía inconvenientes en quedarse charlando con algún vecino hincha del equipo.
Seguramente fue su experiencia en el voley italiano en los ´80 la que le imprimió un liderazgo diferente. Porque cuando se hizo cargo de Scholem en 1995, en ese primer año ascendió a la División de Honor de la Liga Metropolitana. Y no se quedó contento con eso, luego llegó a semifinales.
Las más de tres mil personas en “La Fortaleza” en las finales ante la UBA serán seguramente muy difíciles de olvidar. Después ganaría el Super 4 jugado en “La Rural”, todos los Grand Prix y el Torneo Sudamericano jugado en Montevideo.
En la actualidad Barrial es asistente de Weber en la Selección. Sus logros en Scholem le valieron el llamado a la celeste y blanca. Primero colaboró en la puesta a punto de varios jugadores que ahora explotaron en Italia, con el Sub 23. En el medio se hizo cargo del Ziraat Bankasi de Turquía. En una liga importante en Europa llegó a la final contra el Fenerbahce y ganó la Copa ante el Galatasaray. Pero a pesar de todo lo que consiguió cuando vuelve a Buenos Aires no se olvida de sus comienzos y aquella gran experiencia de Rojas Scholem.
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