sábado, 16 de octubre de 2010

La vigencia de un campeón


Se ríe, bromea con sus compañeros y cuando alguno sale reemplazado lo aplaude y le da una palmada de aliento. Gilberto Godoy Filho, más conocido como Giba, cada vez pasa más minutos al costado del banco de suplentes, pero no se desanima. En cambio, como capitán trata de animar y contagiar alegría a su equipo.

Jugador completo y perseverante, es admirado por su capacidad de salto pero también por su defensa. Así, la altura que consigue en ataque y los potentes remates se complementan con su sacrificio para impedir que la pelota pique en su campo.

La medalla de oro en Atenas 2004, los campeonatos mundiales de 2002, 2006 y 2010 y las ocho Ligas Mundiales son una muestra de la carrera exitosa que lleva jugando para la verdeamarelha. Sin embargo, no siempre fueron momentos felices para Giba: nació en una favela, a los seis meses de vida le diagnosticaron leucemia, un accidente desembocó en más de cincuenta puntos de sutura en un brazo y hasta afrontó una suspensión por consumo de marihuana cuando jugaba en el club italiano Estense Ferrara.

En la actualidad, Giba vive voley hasta en su casa. Su mujer es la ex jugadora rumana Cristina Pirv, con la que tuvo dos hijos. Y no tiene dificultad en expresar el amor que siente por su familia en el idioma que maneja su mujer. Cuando la selección brasileña ganó la Copa de Campeones en 2005, él se subió al podio con una camiseta que decía: "Cristina y Nicol, os quiero con toda el alma de mi corazón", escrito en esa lengua.

El jugador que más veces gritó ¡campeão! en la historia del voley brasileño ya no es tan requerido por su entrenador pero ni piensa en dejar la canarinha. “Quiero ganar un oro, o incluso una plata, en Londres 2012. Ahí ya me podría ir a casa y tirarme en la cama a ver voley por televisión”, dijo en Córdoba cuando vino en Julio a jugar el Final 6 de la Liga Mundial.



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