
Cuando Hugo Conte fue elegido por la Federación Internacional como uno de los mejores ocho jugadores del sigo XX, su hijo Facundo tenía 11 años. Mientras uno jugaba su última temporada en Italia, el otro daba sus primeros pasos en el Club Ciudad de Buenos Aires.
El tiempo pasó. En el 2002 Hugo jugó por última vez con la celeste y blanca, esa que tan bien representó en Argentina 1982 y Seúl 1988, con la que ganó dos medallas de bronce. Después de muchos años, hoy la Selección tiene un jugador muy talentoso con muchas de las cualidades técnicas del gran Hugo. Los toques buscando las manos de los bloqueadores, la calidad para definir hace de Facundo un digno heredero de su padre.
Y Hugo lo llevó bien. Primero lo aconsejó en cancha, cuando debutó en GEBA en 2007 y se dieron el gusto de jugar juntos y hasta fueron campeones de la Copa Argentina. Luego surgió la chance de dirigir al Catania, en la serie A2 de Italia, y ¿quién jugó en el Catania? Sí, Facundo. Al mismo tiempo, empezaba su propio camino en la Selección en la categoría Menores, donde se destacó en el equipo que terminó cuarto en el Mundial en Méjico. Con compañeros como Uriarte o Crer, ganaron el Sudamericano en Brasil y eso los catapultó a la Mayor, dónde integraron el equipo que terminó quinto en la Liga Mundial 2009.
Este año, con el fracaso de la Liga y la posterior depuración del plantel, los juveniles quedaron al mando del equipo y Facundo pasó a ser uno de los líderes. Con 157 puntos terminó cuarto en el ranking de máximos anotadores del Mundial. Además, su buen nivel en la Selección lo llevó a ser contratado por el Macerata de la A1 italiana, una de las mejores ligas del mundo. Allí Hugo fue elegido mejor jugador en 1987, 1990 y 1992. Ahora el heredero buscará que el apellido Conte vuelva a estar en lo más alto del mundo del voley.
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