domingo, 24 de octubre de 2010

El Gran Hermano del voley mundial


1984 fue el inicio del mandato de Rubén Acosta en la Federación Internacional pero es sólo una de las coincidencias con la obra de George Orwell. Los 24 años al frente de la máxima entidad del voley fueron una muestra del poder que ostentó el mejicano, comparable con el que ejerce el Gran Hermano del novelista nacido en la India.

Así como el máximo líder de Oceanía ejerce un control casi permanente sobre los habitantes de aquella historia, Acosta se rodeó de un círculo de dirigentes afines a sus intereses, que llegaron a temer denunciarlo cuando alguna acusación salpicó su gestión en la FIVB.

Hay quienes dicen que durante el 29º Congreso Ordinario en 2004, preocupado por las acusaciones por adulteración de balances y cobro de comisiones por venta de derechos de televisión por 30 millones de dólares, armó un operativo de seguridad para ingresar al hotel dónde se celebraba dicho encuentro e hizo ingresar a la sala cerca de 40 efectivos de seguridad. Inclusive se dice que los teléfonos de las habitaciones de los residentes al Congreso estaban intervenidos y que aquellos que debían hacer llamados debían hacerlos desde la recepción.

Uno de los que impulsó la cruzada contra Acosta fue el argentino Mario Goijman, que lo denunció por quedarse con dinero del Mundial realizado en Argentina en 2002. El presidente de la Federación Argentina reclamaba el 10% del contrato de TV que se había firmado por cuatro millones de dólares con la empresa ESPN. Apelando a su liderazgo verticalista, Acosta expulsó a Goijman e inhabilitó a la Selección Argentina para jugar los torneos más importantes.

Cuando en 2005 la organización Play the Game premió a Goijman por sus denuncias, una docena de dirigentes europeos fueron consultados sobre las cuentas de la Federación y todos le dieron la razón a Goijman, pero pidieron que sus nombres no fueran revelados, pues temían correr la misma suerte que el argentino. Acosta ya había amenazado: el peruano Luis Moreno, presidente de la Confederación Sudamericana, había sido expulsado por negarse a sancionar a la Federación Argentina.

Otro que también fue desplazado por la política de Acosta fue el suizo Jean Pierre Seppey, durante muchos años la mano derecha del mejicano. Sus denuncias incluían amantes, cabarets, limusinas, autos lujosos, premios comprados y hasta periodistas pagos. Concretamente Seppey hablaba de la relación secreta de Acosta con la jugadora rusa Kratcheva, del Mercedes Benz que se compró con las comisiones que se quedaba y de la mansión suiza de un millón de dólares que le hizo comprar a la Federación para usarla como sede pero que en realidad era su casa ya que le pertenecía a la familia de su mujer. Seppey sabía mucho pero no pudo contra el Gran Hermano del voley mundial.


Mansión sede de l
a FIVB en Lausana

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